Ahora a esperar que no nos obliguen a ponerle un chaleco reflectante al coche
Por momentos, la seguridad vial empieza a parecer una carrera sin meta. Cada pocos años surge una nueva norma, un nuevo dispositivo obligatorio o una recomendación “por nuestro bien” que, casualmente, termina siendo imprescindible si no queremos una multa.
Primero fue el cinturón. Después el casco. Más tarde el chaleco reflectante para el conductor. Los triángulos de emergencia pasaron de obligatorios a peligrosos, y ahora llegan las balizas V16 como solución definitiva. Todo razonable, todo justificable. Hasta que uno empieza a preguntarse si el siguiente paso será directamente vestir al coche.
Porque, pensándolo fríamente, encaja en la lógica actual. Si el conductor debe ser visible, ¿por qué no el vehículo entero? Un chaleco reflectante tamaño XL, amarillo fosforito, bien ceñido al capó y al maletero, con bandas plateadas visibles desde varios kilómetros. Seguridad total. Sentido estético, ninguno. Pero ya se sabe: la seguridad no entiende de diseño.
No costaría imaginar el texto oficial: “Antes de abandonar el vehículo, asegúrese de que el coche lleva colocado correctamente el chaleco homologado”. Incluso habría versiones premium, con reflectantes más discretos, y modelos básicos obligatorios, porque la seguridad, como casi todo, también podría tener clases.
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La baliza V16, no nos engañemos, tiene su lógica. Reduce riesgos reales y evita que el conductor se juegue la vida en el arcén. El problema no es la medida concreta, sino la sensación permanente de que cada avance añade una obligación más, pero nunca sustituye del todo a las anteriores. Se acumulan normas, accesorios y gastos, mientras la responsabilidad parece recaer siempre en el mismo sitio: el conductor.
Al final, uno ya no conduce: cumple. Cumple equipamiento, cumple normativa, cumple protocolos. Y el coche, cada vez más regulado y vigilado, empieza a parecer menos una máquina y más un ciudadano más, debidamente identificado, señalizado… y quizá pronto vestido.
De momento, calma. Nadie obliga a ponerle un chaleco al coche. Pero si mañana alguien lo propone como “medida preventiva”, que no nos pille desprevenidos. En seguridad vial, lo impensable hoy suele ser obligatorio pasado mañana.

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